EL ESPACIO PÚBLICO por Carlos Elipe

Columna: “TRATA A LOS DEMÁS COMO QUIERES QUE TE TRATEN”

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EL ESPACIO PÚBLICO

  Tengo que reconocer que desde el desembarco de la Hermandad de Los Gitanos en la parroquia del Carmen, esta advocación mariana está ejerciendo una gran influencia en mí día a día. Mis recuerdos y sensaciones de este culto y de sus celebraciones son tremendamente buenos y el escapulario y lo que supone forman parte de mi existencia.

  Como no, sin duda alguna, una de las cuestiones más reseñables en este contexto donde me muevo, ha sido la recuperación por parte de la Hermandad de la procesión de nuestra Señora del Monte Carmelo cada mes de julio por las calles más céntricas de Madrid, donde hemos podido vivir acontecimientos memorables.

  Sin embargo, durante una procesión del Carmen, en una calurosa tarde de julio, tuvo lugar uno de los momentos más delicados que he tenido que lidiar, asumiendo las responsabilidades organizativas en un cortejo procesional.

  Cualquiera que conozca nuestra trayectoria en Los Gitanos en este plano organizativo, sabe y conoce de la minuciosidad con la que se trabaja, de los muchos detalles que se tienen en cuenta, permisos, escritos, avisos, etc., con todo aquel que está relacionado.

  Pues pese a todo, con todas las autoridades avisadas, con los permisos concedidos, en la tarde de autos, cuando la Cruz que encabezaba el cortejo había avanzado unos pocos metros, me llegó un aviso urgente de nuestro encargado de seguridad para que fuera con él a ver lo que estaba aconteciendo en la Puerta del Sol.

 

Imagen de Rodolfo Robledo

  Os aseguro que al llegar me quede pálido del susto y es literal. Se estaba empezando a concentrar una manifestación/protesta, de las muchas que pueblan la plaza día si día también. Por resumirlo en pocas palabras, los allí concentrados a simple vista no parecían muy proclives a una procesión católica.

  Reuníos de urgencia en plena calle con los números policiales desplegados para ver que podíamos hacer, la propuesta que nos ofrecían consistía en hacer una barrera humana entre los manifestantes y nuestro cortejo, que debería pasar junto a ellos por la Puerta del Sol en unos minutos. No me convencía. Valorando la seguridad de todos los integrantes del cortejo y fundamentalmente la de los muchos menores que iban en el, decidimos recortar el recorrido y no llegar a Sol, revirado por la calle Tetuán para acceder a la Calle Preciados.

  Cuando el paso de la Virgen llegaba a ese punto, desde la Puerta del Sol y a la carrera, integrantes de esa manifestación llegaron hasta nosotros, produciéndose momentos de mucha, mucha tensión. Gritos, insultos, empujones y algún lanzamiento de objetos que no fue a mayores gracias a la rápida actuación de la policía, quedándose finalmente todo en un buen susto y un mal recuerdo.

  No seré yo quien les niegue el pan y la sal a aquellos manifestantes o los miles de ellos que más que de vez en cuando invaden la Puerta del Sol para hacer oír en el altavoz que supone este emblemático lugar capitalino, sus seguro legítimas reivindicaciones, pero a día de hoy y sin entrar en más valoraciones, sigo sin poder racionalizar aquella conducta tan agresiva.

  Todos tenemos derecho a usar el espacio público para manifestar nuestras opiniones, reivindicaciones y creencias, más si cabe cuando lo hacemos de una manera educada, ordenada, ajustada y reglamentada por las leyes que nos atañen.

  Particularmente a mi no me incomodan y asumo como tales las manifestaciones, concentraciones, acampadas, maratones, carreras populares a pie o en bici, paradas militares, celebraciones deportivas, todo tipo de actos culturales, mercadillos temporales, cortes de calles, obras, etc., etc., etc.,etc., que todas las semanas toman el centro de Madrid.

  Tratando a los demás como quiero que me traten, reivindico el mismo espacio público para nuestras preciosas procesiones.

Carlos Elipe Pérez