JOSELITO Y LA MACARENA: CIEN AÑOS JUNTO A LA ESPERANZA por Elena Romero

 

      Para quien lo desconozca, las calles de la Feria de Sevilla llevan el nombre de Ilustres toreros sevillanos, así los niños hispalenses hemos aprendido sus nombres correteando por las calles del Real, yendo de caseta en caseta… los sevillanos desde muy pequeños sabemos del centenario arte del toreo y de su arraigo en esta Ciudad. Una de las calles mas señeras de nuestra Feria y arterias principales es la que, en cada esquina, en azulejos blancos y azules, reza: José Gómez Ortega “Joselito El Gallo”; dando la vuelta y viendo el revés se puede leer una breve reseña a la vida del matador, y en esta calle en cuestión, me voy a centrar en una de sus frases: “El 16 de mayo resultó mortalmente cogido en la plaza de Talavera de la Reina”. Estos días se está conmemorando el centenario de esta tragedia, y aquel 16 de mayo de 1920, como manifestó el torero cordobés Rafael Guerra “Guerrita”, en el pésame enviado a su hermano Rafael Gómez “El Gallo”, “¡Se acabaron los toros!”, comenzando la historia de un mito que llega hasta nuestros días.

      Los niños sevillanos hemos crecido con las historias que rodean la figura de Joselito “El Gallo”, todas envueltas en un cierto aire de leyenda dada la hermosura de las mismas. Hemos aprendido desde pequeños que las “Mariquillas” que luce en su pecho la Virgen de la Esperanza fueron regaladas por el torero. Los cofrades sevillanos hemos crecido con la imagen de la Macarena de luto por su muerte, tenemos grabada en nuestra retina esa centenaria estampa, en la que, bajo mi punto de vista, está mas guapa la Virgen, pues la belleza se hizo mujer en el luto por un torero.

Mª Stma. de la Esperanza Macarena. Foto Ángel Montes

 

      Así pues, los nombres de la Macarena y Joselito están íntimamente ligados, entrelazados de una manera tan intensa, que no se pueden entender separados. En este sentido, cabe reseñar que Joselito junto con Juan Manuel Rodríguez Ojeda son una de las mas importantes claves en el atavío de la Virgen, la simbiosis de ambos ha inmortalizado de diversas maneras a la Esperanza.

      José estuvo muy vinculado a la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo por lazos familiares, sin embargo, como es conocido, su gran devoción fue la Virgen de la Esperanza Macarena. Desde muy joven manifestó la ferviente devoción por Ella, fue un macareno declarado. Además de ocupar cargos en la Junta de Gobierno, fue el principal mecenas y valedor de la revolución estética llevada a cabo por Rodríguez Ojeda, a cuya causa no sólo aportaba generosos donativos, sino que también ofrecía corridas a beneficio de la Hermandad. Su donativo de seis mil pesetas y los festejos taurinos que ofreció altruistamente hicieron posible la corona de oro de la Virgen, diseñada por Rodriguez Ojeda y realizada en la Joyería Reyes en 1912.

      Posteriormente, en 1913, el torero regala a la Virgen las famosas “Mariquillas”, quizás las joyas mas populares del mundo cofrade. Se trata de cinco broches de Art Decó compuestos por pétalos de cristal de roca francés de color verde, engarzados en oro blanco y rematados por brillantes, que llegaron de París de la mano del torero, convirtiéndose en las alhajas características de la Virgen de la Esperanza, y adquiriendo mayor importancia cuando Juan Manuel Rodríguez Ojeda las coloca en el pecho de la Dolorosa. Las crónicas de la época, y en especial, la de la coronación popular de la Virgen el 14 de marzo de 1913, así lo reseñan. Concretamente Santiago Montoto, quien escribió que “la Virgen lucía las joyas regaladas por Gallito, que causaron impresión colocadas en lugar del puñal de dolor”. Desde ese mismo momento, las “Mariquillas” se convierten en uno de los elementos distintivos de María Santísima de la Esperanza Macarena y en una demostración de la unión entre el torero y la Virgen.

      Sin embargo, hay que señalar que además de la Corona y las “Mariquillas”, José sufragó los candelabros de cola de Seco Imberg y cedió la primera imagen de la Virgen del Pilar que figura en la entrecalle del paso de palio de la Esperanza, sin olvidar los distintos Trajes de Luces que, posteriormente a la muerte del diestro, fueron cedidos a la Hermandad por la familia. Tal era su amor hacia la Virgen que cuentan que en la Madrugá de 1920, cuando entraba el palio en la Catedral Hispalense, el torero se acercó a Rodríguez Ojeda y le preguntó “cuanto valdrían unos varales de oro”, contestándole Juan Manuel “Mucho, José”, a lo que él respondió “pues si Ella me da vida los tendrá”. Quizás si el diestro no hubiera muerto apenas mes y medio después habríamos podido contemplar cada Madrugá a la Virgen de la Esperanza enmarcada por doce varales de oro.

Joselito «El Gallo». Foto Diego Calvache

 

      La estrecha y especial relación entre el diestro y la Dolorosa llega a su culmen a raíz de la trágica muerte del torero el 16 de mayo de 1920, cuando  contaba con 25 años de edad, dando a la misma aires de leyenda y romanticismo.

      Las casualidades quisieron que esta tragedia de su muerte tuviera lugar, pues en un principio Joselito “El Gallo” no figuraba en el cartel original de los Festejos de Talavera de la Reina. Un desencuentro con la afición madrileña hizo que el matador rompiera el contrato que tenía para torear en Madrid ese mismo día, siendo incluido, a última hora, en los festejos talaveranos en un mano a mano con su cuñado Ignacio Sánchez Mejías, torero que ha pasado a la inmortalidad sevillana y que también posee una calle con su nombre en el Real de la Feria, sin olvidar que fue presidente del Real Betis Balompié.

      “Bailaor”, el quinto toro de la tarde, perteneciente a la ganadería de la Viuda de Ortega, desmontó la muleta de Joselito y mientras éste intentó arreglarla, lo volteó cayendo de bruces sobre los pitones, asestando la cornada mortal. La Hermandad de la Macarena fue una de las primeras entidades en mostrar públicamente sus condolencias, enviando la primera corona de flores que desde Sevilla llegó a Madrid, donde fue instalada la capilla ardiente.

      La noticia causó gran consternación y provocó que los sevillanos se echaran a la calle cuando los restos de Joselito llegaron a Sevilla el 18 de mayo. La ciudad declaró luto oficial y una gran multitud acompañó al torero desde la estación de Córdoba hasta la Catedral de Sevilla, donde se celebraron las exequias; y desde allí los restos serían conducidos al Cementerio De San Fernando, donde se le daría sepultura.

      En la Iglesia de San Gil Abad se levantó un gran monumento funerario, presidido por la Virgen de la Esperanza Macarena ataviada por primera y única vez de riguroso luto, por su vestidor Juan Manuel Rodríguez Ojeda, para celebrar las Honras Fúnebres al torero a partir del 31 de mayo. 

Monumento funerario de Joselito ante la Macarena. Fuente www.sevilla.org

 

      Sin embargo, pese a la gran figura del toreo en la que se había convertido José, la celebración de las exequias en la Catedral supuso gran malestar en parte de la alta sociedad y burguesía de la ciudad de Sevilla, hasta tal punto que el Canónigo D. Juan Francisco Muñoz y Pabón escribió varios artículos en prensa defendiendo el acontecimiento. Por ello, se abrió una suscripción popular para ofrendar al canónigo con una pluma de oro, que Muñoz y Pabón quiso devolver al pueblo: “La Macarena es Sevilla bajo palio, sea para Ella la pluma”. Al mismo tiempo, la Hermandad la recibía comprometiéndose a que desde entonces iría en la cintura de la Virgen todas las Madrugadas “para que el pueblo al ver la alhaja recuerde con cariño al escritor que supo hacerse intérprete de sus nobles sentimientos”. Este hecho pone también de manifiesto la vinculación entre el diestro y la Virgen.

      Tras la trágica muerte de Joselito “El Gallo”, su cuñado y testigo de lo ocurrido, Ignacio Sánchez Mejías, junto a la familia del diestro, decidieron honrar su memoria con la construcción de un panteón que mantuviera vivo su recuerdo. Para ello contactaron, en 1921, con uno de los mejores escultores del momento, el valenciano D. Mariano Benlliure, siendo en 1926 cuando es emplazado en el Cementerio De San Fernando definitivamente.

Panteón de Joselito «El Gallo» en el cementerio de San Fernando (Sevilla). Foto de Manuel Olmedo para La Razón

 

      Benlliure plasmó en esta obra, realizada en bronce y mármol de Carrara, las escenas vividas durante el entierro del diestro, que le sirvieron de fuente de inspiración, al ver como la multitud arropaba al difunto, representando el momento en el que el cadáver de Joselito es trasladado a hombros y llevado hasta las plantas de la Esperanza Macarena. La dualidad en el material se debe a la intención de enfatizar la figura del torero que habría de destacar sobre el resto, reservando así el mármol solo para la representación de Joselito, siendo un fiel reflejo del semblante del torero tomado, probablemente, de las fotografías que se realizaron en la capilla ardiente. Asimismo, en el monumento aparecen retratados otros personajes de la época como el ganadero D. Eduardo Miura, Sánchez Mejías o la gitana María, esposa del cantaor Curro “el de la Jeroma”, que es la mujer que preside el cortejo y que porta en sus manos una réplica en miniatura de la Virgen de la Esperanza Macarena, modelada siguiendo la fotografía de Castellano-Montes, en la que aparece la Dolorosa vestida de luto riguroso y ataviada de tal manera por su directa vinculación con el diestro, reflejando el autor en el monumento funerario y, por ende, inmortalizando, la estrecha y especial relación ente José y María Santísima de la Esperanza.

      Tan popular y conocida es la unión entre el torero y la Virgen, que el afamado trio de compositores Quintero, León y Quiroga lo reflejó en la famosa copla “Silencio por un torero”, que fue estrenada, en 1962, por Doña Juana Reina, que fue también una gran devota de la Esperanza Macarena, llegando a ostentar el cargo de Camarera de Honor. La referida copla plasma el sentimiento por la muerte de Joselito “El Gallo”… el torero, la Virgen y Sevilla…

 

“suspira bajo su manto

la virgen de la Esperanza 

y arrían en señal de duelo

banderas La Maestranza

y Sevilla «enloquecía»

repetía a voz en grito

«pa» que quiero mi alegría

«pa» que quiero mi alegría

si se ha muerto Joselito”

 
Elena del Rocío Romero Peralta
Mayo de 2020

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