VIO Y CREYÓ por Silvia Martínez

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Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto” (Jn 20, 2)

   Aquí estás tú, mi querido hermano cofrade. Tú eres el discípulo amado que ve y cree, que sale corriendo en busca del Señor. El discípulo que estuvo a los pies de la Cruz junto a María, como lo estás tú, con las cruces diarias de tus seres queridos y con las tuyas, siempre buscando al Señor a través de María. Pero, ¿qué tiene que ver estas líneas con las Nuevas Tecnologías de la Comunicación y de la Información? ¿qué hay de cofrade 2.0 en un sepulcro vacío? ¿qué nos hace falta para creer? ¿sólo ver?

El cofrade siempre ha estado rodeado de imágenes e insignias, de colores y símbolos que muestran su particular forma de evangelizar desde las calles. Pero el cofrade no puede quedarse en esa simple imagen, en lo superficial de la fe, en lo anecdótico de ese encuentro con el Señor. El cofrade debe dar testimonio a través de la imagen de que Cristo vive en cada uno de nuestros corazones.

¿Acaso ese sepulcro está vacío? Vacías están las miles de imágenes que tenemos en nuestros móviles, en los vídeos de procesiones y traslados, en encuentros y besamanos. Vacíos si no lo llenamos de un contenido donde la Palabra del Señor esté detrás de cada fotografía. Cuántas veces buceamos por la Red en busca de noticias cofrades sangrantes, imágenes hiperrealistas o artículos donde sin leer pretendemos sacar algo de provecho. Sólo queremos lo inmediato. Sólo queremos ver sin creer, porque creer implica un ejercicio de comprensión y reflexión, de oración y perdón, reconociendo en cada imagen al Señor en un Calvario infinito.

 

El Descendimiento o La Quinta Angustia – CORREGGIO (copia) – Mediados del siglo XVI – Museo Nacional del Prado

 

  De hecho, podríamos afirmar que todo el saber que constituye el conocimiento religioso en la tradición cristiana tiende efectivamente a formularse en un orden visual: incluso la narrativa de la vida del Cristo y sus enseñanzas se presentan en forma parabólica (acaso el tropo más figural del discurso oratorio) siendo por tanto mostrada a través de «escenas».

  El contenido propio de revelación del dogma cristiano no viene soportado en un orden principalmente textual, logocéntrico, sino que sobre todo es objeto de mostración, de llamada al reconocimiento de lo «evidente» –insisto: el que tenga ojos que vea. El conjunto de cuadros que conforma la vida y la Pasión del Cristo, en el que su enseñanza se desarrolla de un modo ejemplarizante, que llama a imitación, constituye un legado de transmisión fuertemente escenográfico. (José Luis Brea, 2008)

 

Me gusta traer este fragmento del profesor Brea para que recapacitemos sobre el poder de la imagen en nuestra tradición cristiana, esa imagen que vale mil palabras, sí. En nuestra religión el poder de la imagen es indiscutible, en nuestras cofradías ni qué decir. Pero a cualquier precio no, porque esas imágenes pueden estar llenas de sinsentidos, puede ser que encontremos en ellas un sepulcro vacío, y no un Cristo Salvador que nos resucita cada día.

Queridos cofrades 2.0, haced fotografías. Grabad vídeos. Colocad filtros y hastags, ubicaciones y menciones. Pero no se os olvide lo más importante, que detrás de una imagen hay una Palabra, la auténtica verdad, la auténtica vida. Te invito a pararte a leer lo que tus hermanos y hermanas cofrades escriben en sus pies de foto, en sus artículos, en sus reflexiones, incluso en sus críticas. De todo se aprende. También te invito a coger la Palabra, el Evangelio, y colocar alguna frase sobre tus vídeos o fotografías, que te ayuden a recordar lo que el Señor nos dijo, lo que el señor coloca en nuestro sepulcro, para que nunca este vacío.

Silvia Martínez

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