SALVE, MADRE por Carlos Elipe

Mª Stma. de las Angustias Coronada. Autora: Aida Carvajal. A4, técnica mixta sobre papel

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     Hace unos días, la pintura con la imagen de las Angustias que engalana la cabecera de este artículo, aparecía publicada en las RRSS, teniendo añadido el texto con la parte final de la “Salve Madre” o “Salve de las Flores”.

     Ese simple detalle me ha recordado una pequeña historia con esa Salve. Como no hay casualidades, si no providencia del Señor, parece que ha llegado el momento de dejar escrito ese recuerdo.

     Cuando la Hermandad de Los Gitanos de Madrid residía en “Los Jerónimos”, hasta el 2010, la Misa Mensual de Hermandad se celebraba los domingos a las 20hrs. Terminada la Eucaristía, los hermanos nos dirigíamos a la Capilla del Duque de la Torre, la última del templo, para cantar ante nuestros Titulares que allí se encontraban, el himno de la Hermandad y una Salve, concretamente la “Salve Madre”. 

     Recuerdo esos momentos de una manera muy grata, muy especiales para mí y según el periodo personal que iba atravesando, derramando alguna lágrima que otra. 

   Poco después del desembarco de la Hermandad en el Carmen en 2010, una de las cuestiones que se modificaron, fue trasladar la Misa mensual a los sábados. Desde entonces y como es preceptivo, en esta Eucaristía sabatina se canta la Salve, en este caso en latín. Esto hizo que dejáramos de usar la Salve Madre y tengo que reconocer que yo empecé a extrañarla. 

    Para continuar la historia regreso a Los Jerónimos. Allí, salíamos con un solo paso procesional y un cortejo relativamente pequeño. En el regreso al templo no se puede decir que hubiera una masiva afluencia de personas que nos acompañaran, por lo que era costumbre que al finalizar la Estación de Penitencia, la agrupación musical que iba tras el Señor entrara en el templo tocando y todos lo que acompañaban la procesión también. Los primeros años en el Carmen se mantuvo este hábito.

     El traslado al Carmen trajo consigo un rápido crecimiento de la Hermandad y con ello de su cortejo procesional, incluida por supuesto, la salida de la Virgen en su paso de Palio en 2012. Al finalizar la procesión, el templo estaba abarrotado de gente y no solo por los que componíamos el cortejo.

     Siendo yo el Diputado Mayor de Gobierno y por tanto también el responsable de la seguridad de la Estación de Penitencia, en 2013 se decidió que las bandas de música no entraran en el templo al finalizar la procesión. Fue una decisión controvertida, que de entrada no gustó, pero que había que tomarla. Con la puerta abierta del templo al terminar la procesión, entraban en la Iglesia demasiadas personas ajenas al cortejo. Ese primer año, fue el propio párroco, D. Adolfo Lafuente, quien encabezó el dispositivo de seguridad para prohibir el paso. No fue fácil hacer entender la medida, pero sigo pensando que era lo mejor para el bien común.

     Es cierto que se mejoraba la seguridad, pero que también las últimas chicotás quedaban descafeinadas sin música.

     Para mitigar en parte ese silencio, encontré refugio en uno de los artículos  de las Reglas que ordenan la Estación de Penitencia, en el que se dice que, tras entrar la Virgen en el templo los hermanos debemos rezar una “Salve a la Santísima Virgen”. Así, decidí imprimir una estampita, con el Himno de la Hermandad en una cara y en la otra, la Salve Madre que tanto echaba de menos.

     Esa estampita se entregó a todos y cada unos de los integrantes del cortejo cuando de regreso entraban al templo.

     Con el Señor de vuelta, dentro de la Iglesia, los allí presentes entonamos el himno de la Hermandad. 

     Cuando la Virgen regresó a su casa y con Ella, todos los que la habíamos acompañado en la Estación de Penitencia, los presentes pudimos volver a cantarle la Salve Madre, e intentar que Ella tuviera una chicotá como se merece.

    Hoy en día esas estampitas, impresas en blanco y negro, siguen circulando en la Hermandad, usadas por ejemplo, para cantar el himno.

     Al ver esa pintura de mi amiga Aida, me he acordado y he querido escribirlo.

Carlos Elipe Pérez.

 

 

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