HASTA SETENTA VECES SIETE por Carlos Elipe

 

  He dejado pasar un tiempo prudencial desde la publicación en esta web del artículo de Antonio Aguilar a partir de procesión Extraordinaria de Jesús de Medinaceli, antes de ponerme a escribir. Dejar reposar las cosas da tranquilidad y una perspectiva más que aconsejable.

  Cualquiera se puede imaginar, que tras la aparición de la publicación, han sido diversos los mensajes que he recibido al respecto y dispares las aparentes repercusiones. Todas con apariencia de ser importantes y en realidad, ninguna trascendente para que algo cambie. Así que sin darle prioridad a ninguna de ellas, voy a ver si ordeno mis ideas.

  No quisiera parecer egocentrista hablando de mí, pero es de lo único que puedo hablar con verdadero conocimiento de causa. Tengo un dominio propio en internet que pago de mi bolsillo, para el que ni busco, ni necesito publicidad que lo mantenga. Dispongo una página web (no un blog gratuito), para que con la mayor dignidad de la que soy capaz y un cierto punto de profesionalidad, dar cabida a temas relacionados con el mundo cofrade que me afecta. No ando en la búsqueda de ser famoso, esta web es un lujo que me permite dar rienda a mi pasión por escribir. Con este portal me permito escribir historias vividas en primera persona, dar alguna noticia de vez en cuando, opinar de algo si lo veo interesante y publicar colaboraciones independientes de aquel que esté dispuesto a dar ese paso adelante, firmando lo que escribe.

  Para este “trabajo”, siempre me he auto impuesto dos premisas entes de publicar contenidos. Lo de “se alaba en público y se critica en privado” y la lucha contra el anonimato en las rrss. No creo que se pueda encontrar en los más de los doscientos cincuenta artículos publicados en los últimos tres años, ataques personales o críticas gratuitas a persona alguna y por supuesto, ni un solo texto sin que lo firme su responsable. Entonces, ¿El artículo de Antonio?

  Después de leer el texto varías veces, claro que encuentro cosas en él con las que no estoy de acuerdo y en las que me doy por aludido por su crítica pública. Sin ir más lejos, pertenezco a la Archicofradía Primaria de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

  Y ¿Podría ser yo uno de esos madrileños acomplejados por no ser de Sevilla? Puedo, soy costalero en una de mis hermandades, o por ejemplo, integro las filas de una Hermandad tan sevillana como su olor a canela y clavo cada Miércoles Santo. Cualquiera podría pensar, viendo que la cabecera de mi web son las manos del Gran Poder de Sevilla, que soy un admirador acomplejado de lo que pasa en la ciudad hispalense.

  También me siento aludido como integrante de la Junta de Gobierno de una corporación donde se realiza un trabajo en el ámbito de la caridad o ayuda social. No siempre podemos o debemos explicar todo lo que se hace al respecto. «Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha.» Mateo, 6,3 

  Porqué no dejarme influir por lo que me llena y mejora, venga de Vigo o de Sevilla.

  Pero siempre sabiendo donde vivo, para no desvirtuar de donde vengo. Soy costalero por convencimiento personal, no por afición. No elegí las manos que alumbran mi web, no por ser las del Gran Poder, si no por ver en la magnífica foto, regalo de un amigo verdadero, las manos del hijo de Dios encarnado, como las veo cuando admiro las del Divino Cultivo o las de Nuestro Padre Jesús Nazareno “El Pobre”.

  Y en cuanto a salir a la calle con nuestras benditas imágenes en procesión, en ello encuentro gran cantidad de cuestiones importantes y necesarias. Nunca debemos perder de vista que hablo de una urbe como Madrid, donde por resumirlo, la cultura cofrade no está generalizada, ni ser católico tampoco. Sirva como ejemplo de esto que intento explicar un ejemplo gráfico; si salimos a la calle para manifestar nuestra fe como en esta ocasión, de manera extraordinaria, lo hacemos a cara descubierta, dando un testimonio más palpable si cabe de nuestro compromiso cristiano. Cristianos comprometidos dando la cara.

  El centro de Madrid, es un altavoz usado casi a diario para amplificar todo tipo de reivindicaciones. Ocupemos una calle, que siendo de todos, también es nuestra, para reivindicar nuestras creencias y cultura. Tenemos el derecho de manifestar nuestra fe, hagámoslo siempre que podamos y con lo mejor que tengamos.

  Ahora bien, no puedo sentirme ofendido por la opinión de otro que no piensa exactamente como yo.  Aunque alguien piense distinto, puedo leerle, escucharle. Intentar entender al que tengo enfrente, para formarme y afianzar mis creencias.

  Tampoco puedo ser un hipócrita conmigo mismo. Mi afición desmedida por ese olor a canela y clavo, hace que en ocasiones me desvíe de lo que de verdad importa. Esta es la reflexión que gano para mí, del texto de Antonio.

  Sé que tengo más de lo que necesito y que puedo dar más de mi a los demás. Que hay veces que no pongo la otra mejilla como me enseña la Biblia. Sé que tengo vanidad, como cualquier humano. Me reconozco pecador e imperfecto. “Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.”  Juan 8,7

  Quiero también referirme a las críticas recibidas o que he leído, como repuesta al texto. Casi de manera literal, que somos unos envidiosos, que estamos totalmente equivocados, que es mentira lo que ha escrito Antonio, que yo solo busco publicidad, que no soy un ejemplo para dar lecciones, que no pienso lo que escribo, etc…

  Evidentemente pensé hasta setenta veces siete veces, las posibles repercusiones del texto de marras. Me decidí por su publicación, fundamentalmente porque, dándome por aludido como decía al principio, era un buen ejercicio de autocrítica para reflexionar sobre lo que expone. Como también me decidí a publicar el texto de Ángel Ruiz y que sepultado por el ruido que hemos creado, ha pasado desapercibido.

  Para rematar la perorata, quiero razonar el porqué del borrado de los mensajes, tanto los negativos como los positivos, que he ido recibiendo en el “muro” de mis RRSS. Las reglas para el uso de las RRSS no las marcó yo. Tan lícito es poner un comentario en el muro de los demás, como que los borre el que los recibe. Las dos cosas me parecen igual de válidas. Me decanto por creer que mi espacio personal en las RRSS no es el lugar donde mantener un debate de ideas. Hay otros sitios y otras formas. El que quiera opinar sobre su verdad, que lo haga en sus propios espacios, con la libertad que eso le permite. Por esto mismo, es raro encontrar alguna opinión mía en el muro de los demás, ya que no me creo con la suficiente entidad para que a estos les importe lo que pienso. No pretendo llevar la razón al respecto, es simplemente una opción personal.

  Termino. Invito a quien quiera replicar a Antonio y demostrarle que está equivocado, a que me envíe un artículo y así publicarlo, con las mismas premisas que le pongo a todo el mundo: libertad absoluta, tema de ámbito cofrade y firmar el texto. Eso sí, absténganse de ataques personales ni insultos. No creo que mi web sea el sitio para saldar cuentas.

  Carlos Elipe Pérez

 

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